A veces esperamos más de los demás porque estaríamos dispuestos a hacer mucho por ellos.

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Cuando nuestras expectativas sobre los demás se cumplen, entonces decimos que somos felices. Pero cuando no es así, pasamos a estar desilusionados, frustrados y descontentos.

Tal es así, que la falta de transparencia y honestidad en nuestra sociedad sobre que esperamos de una persona, nos hunde en una situación de “Yo creía que”, “Pensaba que te ibas a comportar de tal manera”, que supone un reproche directo y un enfrentamiento con personas de nuestro entorno.

Muchas personas se acercan a mí, y yo a otras personas, para intentar venderme algo. Sé que vienen con esas intenciones, no para establecer una amistad profunda y sincera. Acepto la situación, sin esperar nada más, sin generar falsas expectativas.

¿Qué esperas de mí? no debería ser una conversación tabú o desagradable.

a expectativa y la exigencia conviven a diario. No solo queremos que se cumpla lo que esperamos, sino que a veces lo exigimos y esperamos que sea así en tiempo y forma, según nuestras necesidades o visión de los asuntos.

Gestionar la diferencia es parte de la formulación de expectativas. Los demás no son iguales que yo, no hacen las cosas como yo, no esperan lo mismo que yo, ni tienen los mismos deseos que yo. Así que a la vez que yo vienen los demásDar entrada en nuestra vida a las expectativas propias y de los demás es mejorar las relaciones humanas para conseguir objetivos comunes.

Esperas algo de alguien y te frustras cuando eso no pasa.

Las expectativas que tenemos ante los demás, ante cómo deberían ser o comportarse, nos generan muchísima frustración. Ver que no se cumplen, que lo que esperamos de esa persona choca con la realidad, nos hace sufrir y desgasta nuestras relaciones. el pensar que los demás son como nosotros somos. Porque, normalmente, eso que esperamos de los demás es un reflejo de nosotros mismos. Es decir, una y otra vez volvemos a cometer el error de creer que los demás han de comportarse como yo me comportaría en su lugar. Y no, cada uno piensa diferente, siente diferente y ve las cosas de forma diferente. Nadie es igual a ti por más que te quiera, que te entienda o que comparta su vida contigo.

Las personas no somos recipientes con ingredientes fijos, exactos y en las mismas proporciones. Somos muchísimo más complejas e impredecibles que todo eso. Cada persona es un mundo, está hecha de unos valores, unas experiencias, unas creencias y unas cualidades. Por ello nunca habrá dos recipientes iguales. Ni siquiera cada recipiente será siempre igual, todos estamos en constante evolución.

Creer que tienes toda la información para analizar el comportamiento de esa persona. Y no, no la tienes. Sólo esa persona tiene toda la información para analizar su comportamiento. Y a veces ni ella.

Además, cuando vives esperando que el que tienes en frente sea así o asa, o que haga esto o lo otro, te desesperas si eso no pasa. Te sientes mal, te llenas de rabia y de frustración y estropeas cualquier posibilidad de entendimiento. Incluso puedes llegar a condicionar la respuesta de la otra persona.

 

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