Aveces hay que aprender a soltar problemas que no nos corresponden

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Me siento inmadura cuando intento comportarme ecuánime, tolerante y dándomelas de experta. Me siento inmadura cuando doy el brazo a torcer fácilmente para no entrar en discusiones o cuando permito que se den situaciones de abuso de confianza…

 Siento que soy una inmadura cuando accedo a la opinión de los demás creyéndome comprensiva y tolerante sin darme cuenta que de esa forma les estoy permitiendo tener dominio sobre mis acciones.

 Y también me siento totalmente inmadura por tomarme a pecho situaciones y responsabilidades que no me corresponden, preocuparme tanto por problemas que no son míos y que acaparan mi tiempo, energía mental, física y económica.

Me siento inmadura cuando temo poner límites porque no quiero ser odiosa, huraña y tirana. Cuando asumo esas responsabilidades o retos (que no son míos) es cuando más me equivoco.

A veces me creo capaz de cambiar una situación o una persona, y a pesar de saber que hay cosas que no dependen de mí, me ahogo en el cansancio, la frustración y la rabia. Entonces prefiero la soledad y la huida, dejando desvanecer las relaciones para evitar la confrontación, el rechazo y la vergüenza. Porque en realidad no quiero ser una víctima que lo entrega todo por nada… aunque reaccionar así me pesa.

Creo que hablo mucho y escucho poco. Creo que reacciono y no me tomo el tiempo de sentirme y escucharme. Me dejo convencer con facilidad perdiendo la intuición. Me enredo sola con las dificultades y termino respondiendo con un sentimiento de culpa. ¡Qué fuerte me ha resultado darme cuenta de que he dejado de confiar en mí, de que he ayudado a muchas personas pero me he olvidado completamente de mí…!

Por eso, hoy he decidido cambiar. Sé que puedo ayudar a otros, que no necesito huir de nadie… pero mi prioridad será siempre descubrir primeramente lo que yo quiero… y cuidar de mí misma.

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