Cada cosa en su lugar tu a lo tuyo y yo a lo mio.

El ser humano cada vez estará más solo y aislado debido a esta cultura de individualismo, y por tanto, será mucho más infeliz, porque a fin de cuentas hemos sido creados con la necesidad de comunicarnos y relacionarnos. Todos conocemos personas que son tan egoístas, son tan interesados, que al final después de muchos años, vemos cómo se van quedando cada vez más solos y solas, precisamente porque sólo piden y exigen pero nunca dan ni comparten.

Sólo van a lo suyo, y si te dan algo, es porque dentro de su estrategia de éxito les conviene para recibir de ti otra cosa que ellos necesitan.

Pero van a lo suyo, tanto que al final se quedan solo con lo suyo, porque todos los demás se apartan de ellos cansados de que les utilicen, cansados de ser mercancía de intercambio, cansados de su narcisismo y egocentrismo.

Pero le podemos dar la vuelta a la tortilla.

Podemos irnos al otro extremo, y llegaremos a la misma consecuencia: Existen personas que son tan exclusivistas, tan orgullosas y altivas, tan auto-suficientes, tan selectivas, que al final ellos mismos se aíslan de los demás, pues no les interesa intercambiar la vida con el resto de la sociedad, al fin y al cabo.

Son personas que se conforman con un pequeño grupo de dos o tres que son igual de exclusivistas que ellos, y que al final y muchas veces sucede, ya que la vida da muchas vueltas, que esas dos o tres personas dejan de estar a su lado, porque “van a lo suyo” y no les importa si el otro se quedan solo o sola, o simplemente por circunstancias de la vida, y entonces es cuando se dan cuenta de la cruda realidad: se encuentran solos, aislados y aquellos maravillosos años ya no volverán.

Y en ese momento piensan en su interior que les encantaría tener un grupo de personas cercano, una comunidad, pero ellos siempre la despreciaron, por no estar a “su altura”. Así que la autosuficiencia, el orgullo y el elitismo también nos conducen a la soledad.

Pasamos gran parte de nuestra vida planeando aquello que deseamos alcanzar.

En ocasiones esperamos aspectos casi inalcanzables, cuando de pronto, la cotidianidad perfila con su armonía de siempre algo casual que nos complace y nos llena de felicidad. Si lo pensamos bien, nos cuesta mucho tener que aguardar ese instante en que por fin, la vida da esa vuelta de sentido y se acuerda de nosotros para arroparnos en forma de suerte, de aliento, de calor y esperanza.

En ocasiones esperamos tanto de las personas que sólo encontramos decepciones.

Quizá por ello, hay quien suele decirse aquello de que para evitar sufrir es mejor no esperar nada de nadie, y esperarlo todo de nosotros mismos. Esperar siempre valdrá la pena siempre y cuando la otra persona esté luchando también para llegar hasta ti. Si no es así, tal vez sea el momento de acabar con esa espera sin sentido.

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