Cuando no entiendas las razones, deja de razonar… y acepta.

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rincon

Vivimos tratando de entenderlo todo, de intentar responder a los porqués constantes de nuestra mente, procurando descifrarlo absolutamente todo, inclusive queremos darle carácter racional a aquello que sentimos, a aquello a lo que tenemos fe… y frustrantemente a muchísimas cosas de la vida, la que vemos y la que portamos, que sencillamente no tienen explicación.

En los momentos que nos cueste entender algo, debemos decirle a la vida que estamos dispuestos a sencillamente aceptar, que dejaremos de resistirnos a través de nuestras interrogantes y fluiremos con cualquier situación.

A nuestra mente no le agrada la idea de no poder entender algo, para ella todo debe tener una razón, una respuesta, debe entrar dentro de la lógica… Pero la mayoría de las cosas no funcionan de esa forma, lo sublime, los sentimientos, los lazos afectivos, las enfermedades, la muerte, el propósito de vida, la energía que nos mueve… son solo algunas cosas con las cuales podemos estar en contacto a diario, acerca de las cuales tendremos muchas preguntas que no podremos resolver.

Irónicamente cuando aceptamos, cuando dejamos la mente inquisidora a un lado, nos damos cuenta de que en la mayoría de los casos, aún no teniendo una respuesta que podamos siquiera estructurar en pensamiento, sencillamente sabemos que tenemos esa respuesta en nuestro interior y la duda queda disuelta, disuelta por la esencia de nuestro ser, que se encarga de intentar hacernos ver que todo está bien, que vamos en orden con lo que vinimos a hacer.

La vida es más sencilla cuando fluimos con ella, cuando entendemos que resistirnos solo nos hará quebrarnos, lo cual nos obliga a reconstruirnos, lo cual lleva tiempo, energía y por lo general mucho dolor asociado. Por eso mientras más tempranamente entendamos que resistirnos, que buscarle por qué a todo, que negarnos, solo nos traerá inconvenientes, más pleno será nuestro camino.

Limita a tu mente cuando exija una respuesta, hazle saber que no siempre es necesario y que no siempre es posible dársela, acostúmbrala a conformarse con la información que racionalmente pueda obtener. Acostúmbrala a que entre en sincronía con el corazón, que actúa como la manifestación de nuestro ser, para poder confiar en el proceso de la vida, en el tiempo y en nuestra propia capacidad para traer a la luz aquello que en algún momento permanece en sombras.

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