Cuando nuestra pareja nos traiciona y probamos la amargura de la infidelidad.

Sentimos como si miles de puñales atravesaran nuestro corazón y nuestra alma, es un dolor tan fuerte que quedamos aletargadas, aturdidas por el impacto. ¿Cómo no sentirnos de tal manera, si es nuestro compañero de vida quien nos demuestra con hechos que ya no nos quiere y se va a vivir “feliz” al lado de otra mujer”?

¿Pero cómo podemos amar a quien nos hace sufrir, nos crítica, nos engaña y nos traiciona, si el amor es dar y cuidar?

Es contradictorio tanto dolor cuando en muchas ocasiones hemos deseado terminar con esa relación que no nos hace bien, que no es lo que queremos en nuestras vidas; sin embargo no podemos evitar el dolor del abandono, en ocasiones quizás confundimos el amor propio con el amor a la pareja, pues nos duele tanto su partida a los brazos de otra, que creemos indudablemente que debe ser amor.

No dejes que te angustie lo que te depara el destino.

No permitas que te agobien sentimientos de culpa, no te preguntes cómo hubiese sido si hubieses hecho esto o aquello, aleja todos esos pensamientos que no traigan consigo aires frescos y motivadores para tu vida, precisamente allí está la maravilla, en que puedes continuar.

En realidad se trata de continuar y no de comenzar, porque tu vida comenzó desde el momento en que empezaste a gestarte en el vientre de tu madre, tu vida no comienza ni termina con un hombre, somos más que esposas o pareja, somos madres, somos hijas, somos hermanas, somos tías, somos amigas. Existe gente maravillosa a tu alrededor que quiere lo mejor para ti y para los tuyos, déjate querer, déjate ayudar, da gracias a Dios por todo lo que tienes y por todo lo que no tienes, él creó el cielo y la tierra, ¿crees que este gran arquitecto puede quitarte algo indispensable para tu vida?

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