Cuánto hace que no te animas a hacer algo al cien por ciento.

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En muchas ocasiones vemos que hay eventos que son predecibles, según el ritmo que lleve nuestra vida. Pero esto parece ser que no siempre es así. Porque, ¿qué ocurre con esas experiencias que llegan a nuestra vida fruto del azar? Ahí no encaja eso de prever las experiencias debido al camino que llevábamos.

Vamos pasando a lo largo de nuestra vida por diversos acontecimientos. Muchos son favorables. Otros, pueden convertirse en los peores infiernos que una persona pueda experimentar. a vida está formada de multitud de situaciones donde nuestro estado emocional es sometido a diversos movimientos. Cuando sucede una experiencia que favorece, nos sentimos afortunados, pareciendo que la vida nos sonríe.

Todo acontecimiento deja en nosotros una huella emocional.

Dependiendo de la importancia, dicha huella será más o menos profunda. Para que algo así suceda, la situación ocurrida ha de tener un fuerte impacto emocional en la persona que lo experimenta. Tanto que ha de sentirse “marcada” por lo ocurrido. Creo que todos hemos pasado por situaciones así, sin dudarlo.

si nos paramos a analizar, podremos ver que muchas cosas que nos ocurren no son para nada fortuitas. Y que la suerte no tiene nada que ver. De hecho, el factor “suerte” no existe. No es más que una palabra inventada para darle algún tipo de significado a algo a lo que no le damos explicación.

Las cosas no ocurren porque sí, sino que siempre hay una causa para ellas.

Aunque muchos no lo crean, la casualidad no existe. Más bien la causalidad: debido a una causa, hay una consecuencia. Es por ello que cuando ciertas situaciones llegan a nuestra vida… hay que estar muy atentos a la hora de juzgarlas a la ligera. Porque, ¡quién sabe lo que realmente quieren decir!

Las posibilidades son muchas y variadas, y los casos no son siempre iguales. Lo que generalmente ocurre es que nos quedamos juzgando por las consecuencias inmediatas, como decía antes. Pero vuelvo a insistir en que hemos de ir más allá, y ver ese hilo que conecta los acontecimientos. Tratar de ver qué es lo que podemos aprender de esas situaciones que nos suceden.

El cambio es una constante en la vida. Lo experimentamos a cada momento que sucede. ¡Nosotros mismos somos un cambio constante! Cambia nuestro cuerpo con el paso de los años. También nuestra forma de ser al atravesar las experiencias que vivimos.

Resistirse al cambio es como resistirse a la muerte: algo inútil y desgastante. Es la forma de pensamiento que se expresa en el conocido refrán que dice “al mal tiempo, buena cara”. Y va más allá de ser positivo en todo momento. Pues de lo que se trata es de fluir con la vida, con el flujo de acontecimientos, aceptar el cambio cuando éste llega y tener la esperanza e ilusión de que cosas buenas e interesantes están por suceder. Vivamos con toda las ganas y mostremos al mundo que nada es imposible, solo tú tienes la llave para vivir al cien por ciento.

 

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