El amor que se siente como verdadero no se ofrece en fracciones.

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El amor se siente con toda su expansión y su ciega certeza, hasta que el sufrimiento se vuelve de pronto en ese compañero cotidiano al que jamás deberíamos acostumbrarnos… Olvidamos que es mejor estar solo que mal enamorado.

Se pueden escribir muchas cosas sobre el amor. 

La verdad es que nadie es inmune al sufrimiento. Ni siquiera el cerebro, con todos sus conocimientos, lecturas y experiencias tiene sujetas por completo las riendas del corazón.

Se ofrece de forma íntegra, plena, porque amamos de modo completo, con sinceridad… y quizá sea ahí, donde aparezca el auténtico riesgo. En esta vida nada es seguro, andamos sobre un mundo que nunca deja de fluir y de cambiar.

No hay que tenerle miedo a la soledad.

En ocasiones estar sola es la mejor forma de estar en unión con nosotros mismos, es la catarsis a esos malos amores de los que hemos de saber liberarnos, porque a veces, es mejor estar sola que mal acompañadas.

Hay amores sabios, amores plenos que nos enriquecen y que hacen nuestra vida más completa y edificante. Son esas relaciones donde ambos miembros respetan sus espacios, donde es posible el crecimiento individual y a su vez, el de la propia pareja.

No obstante, todos tenemos nuestro momento, ese que hay que saber ver con el corazón abierto y la mente despierta. Luego, por qué no decirlo, también están esas personas que a lo largo de su vida han vivido un fracaso tras otro. Es como si en lugar de ir apartando piedras del camino las hubieran almacenado en su mochila, ahí donde también es imposible avanzar, crecer.

El amor en ocasiones nos ciega y nos arrastra.

No importa lo que nos digan las personas de nuestro alrededor. Nuestra realidad es nuestra y nos dejamos llevar, hasta que llega un momento en que, efectivamente, abrimos los ojos… Veamos ahora a qué se deben estos hechos.  Las personas con baja autoestima son las que se dejan llevar por relaciones donde se nutre la necesidad de ser reconocidos, a veces, tan destructivas.

Todos tenemos alguna carencia, y el simple hecho de tener a alguien que en un primer momento nos llena esos vacíos y lima nuestras esquinas aliviando nuestros miedos, es algo que reconforta.

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