El egoísta y su afán de no aceptarlo.

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Las personas no solemos ser un ramillete de virtud y generosidad, ni tampoco un continuo de comportamientos egoístas, más bien nos encontramos en un intermedio en el que nos movemos dependiendo de varios factores, entre ellos nuestro momento vital.

No muestran sus debilidades y vulnerabilidades.

Un motivo común para no prestar ayuda es el temor a mostrar debilidad, al intentarlo y creer quedar en evidencia siente que la acción en realidad no sirve de mucho. La persona piensa que, por echar una mano a otra persona que la necesita, están mostrando debilidad e inseguridad interior.

No aceptan las críticas constructivas.

Las personas en una actitud egoísta sostienen el pensamiento de que su entorno intenta menospreciar su trabajo y potencial. De este modo, intentarán a toda costa no reconocer una crítica constructiva, a menudo se defienden con la ironía y es muy complicado que reconozcan que están equivocados.

Consideran que merecen todo.

En una actitud egoísta, se caracterizan por ser poco constantes a la hora de seguir sus metas. Podríamos decir que las cambian continuamente y demandan que cada una de sus ocurrencias sea valorada y tenida en cuenta de la misma forma que la de la persona que ya lleva una larga trayectoria.

Pueden llegar a pensar que el éxito estará siempre de su lado porque sí, dándoles igual a quien tengan que quitarse de en medio en su camino para conseguirlo.

No escuchan a los que están en desacuerdo con ellos.

Las personas egoístas sienten como enemigos a aquellos que son maduros e inteligentes, ya que estos son capaces de respetar y escuchar las opiniones ajenas. Escuchar y aprender de las demás opiniones es una buena oportunidad de ampliar los horizontes y crecer. Selecciona con los que quieres quedarte pero no dejes de escuchar, no ignores porque temes, ni le vuelvas la espalda al mundo.

Critican a espaldas de los demás.

Las personas en actitud egoísta prefieren la crítica fácil y por la espalda. En el fondo temen no tener razón y la hacen desde la distancia para que la realidad no pueda estropear su idea de cómo tienen dibujado el mundo en su cabeza.

Necesitan creer, por ejemplo, que todas las personas que son pobres lo son porque no quieren trabajar y prefieren vivir en la calle o porque no tienen la suficiente fuerza de voluntad y constancia para formarse.

Agrandan sus logros.

Una de las carencias más importantes y notorias de una persona en actitud egoísta tiene que ver con la falta de humildad. La humildad es una virtud preciosa necesaria para crecer como seres humanos y personas sociables con nuestro entorno. Las personas egocéntricas únicamente taparán este potencial personal buscando resaltar y engrandecer sus logros.

Se adjudicarán más responsabilidad de la que les corresponde cuando el resultado ha sido un éxito y buscarán la salida de emergencia cuando le proyecto no haya terminado bien.

Les da miedo arriesgarse.

Pánico, terror. Enlazando con el punto anterior no consideran el fracaso porque nunca se exponen a él. Eso sí, no dudan en criticar de forma dura y severa cuando otros no consiguen aquello que pretenden. Son los primeros que te van a decir, sí, es que ya se veía venir.

Dentro de mi propio crecimiento personal, pude ser testigo de algunos de los rasgos anteriores y cuando te das cuenta de ello, de que no te estás responsabilizándote de tus acciones, comienzas a ver la luz de la madurez.

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