El infiel primero miente, y luego se arrepiente.

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Hay personas que parecen marcadas por un destino amoroso en el que la infidelidad casi siempre está presente. No saben por qué se enamoran de alguien que está comprometido o por qué soportan a alguien que les engaña continuamente. Todos hemos conocido alguna historia, más o menos cercana, en la que la infidelidad de uno hacía sufrir a otro.

La tendencia a organizar triángulos amorososy ser infieles tiene un origen neurótico. No es una señal de libertad, ni de potencia, como creen algunos. Más bien de todo lo contrario. El infiel ignora que permanece encadenado a deseos inconscientes que dominan sus afectos, obligándole a mantener lazos patológicos con los primeros objetos de amor. Se niega a aceptar la experiencia remota por la que fue separado de su madre al entrar en esa relación dual el padre.

La persona que engaña a otro no ejerce del todo su libertad.

Lo que en realidad está ejerciendo es la neurosis que le habita, aunque se engañe a sí mismo y crea que sólo engaña a su pareja. No hay infidelidad sin un tercero que quede perjudicado. A veces se es infiel contra alguien, en lugar de a favor del amante. El hombre que elige como amante a una mujer con pareja está enredado en una maraña sentimental que incluye también al otro hombre. Es el complejo materno una de las razones que abocan a la infidelidad.

La relación de pareja evoca fantasías inconscientes que remiten a nuestros primeros lazos amorosos.

Si las relaciones idílicas con los padres no se elaboraron adecuadamente, la a fidelidad a la pareja actual puede estar determinada por la fidelidad a un objeto amoroso infantil.

El hombre que elige como amante a una mujer con pareja está enredado en una maraña.

Incluye también al otro hombre. Su rivalidad tendría como trasfondo una relación ambivalente con el padre y una pregunta: ¿cómo es el otro con esta mujer?  Cuando los triángulos amorosos se mantienen en el tiempo, existe una complicidad inconsciente entre los tres miembros que intervienen en la relación. El tercero perjudicado puede optar por negar la situación y no querer enterarse.
Si el impulsoa desear la mujer de otro o el hombre de otra se repite en la vida, sería conveniente acudir a una psicoterapia para resolver esa tendencia inconsciente que marca la elección de pareja.

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