El origen no tiene importancia cuando la persona que amas te engaña.

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Algunos dirán que “la rutina” mató la ilusión y la adrenalina de una relación clandestina los motiva a seguir día con día, otros “que la convivencia se ha tornado una costumbre de aire tan pesado” que es necesario salir afuera a refrescarse un poco; los hay quienes se dan el permiso de “enamorarse de otra persona”, los que lo hacen “por venganza” o “para llamar la atención”, los que sólo buscan “relaciones sexuales sin ataduras emocionales”, o una forma de comunicación incómoda para expresar que “la pareja ya se terminó”. Muchos hombres y mujeres que se lanzan a la infidelidad, recurren a los brazos extraños para sentirse amados, deseados, importantes y para “sentirse rescatados” de la presión cotidiana que ejerce sobre ellos el matrimonio, la familia o la relación.

¿Qué nos lleva a los seres humanos a romper nuestros acuerdos de amor?  

Lo cierto es que en busca de nuevos horizontes, y finales felices, momentos eternos de pasión, lujuria, arrumacos y besos; espacios en dónde la “felicidad eterna” sea una posibilidad, tan real como la infelicidad misma; perdemos el rumbo y siempre nos volvemos a encontrar “volviendo a empezar una y otra vez”. Lo nuevo, lo cotidiano, es sublime, majestuoso. Lo miramos, admiramos y suspiramos. Casi tememos que al tocarlo, o rozarlo se puede quebrar y romper. Pero la experiencia nos cuenta al oído la historia que todos conocemos. Aquello conquistado, con el tiempo se devalúa, se desgasta y pierde “el sentido primario”.

Ese hombre casado que mira a la desconocida y entreteje en su mente la idea de que con ella “sería más feliz que con su esposa” es un simple hombre auto-engañándose.

Su esposa tiene las mismas cualidades que la “otra”, sólo que la cotidiana existencia le ha borrado la memoria. Pero si mira con los ojos del alma, reencontrará que las mismas cosas que lo enamoraron de ella, siguen vivas. Las parejas generalmente cuando cruzan el puente del noviazgo para casarse o vivir juntas, creen que llegaron a la meta. Y que a partir de ahí no hay nada que hacer. Sin embargo, es el punto de partida y no de llegada. El amor debe alimentarse todos los días. Y la reciprocidad es un nutriente fundamental. También tenemos a los que “nunca maduran emocionalmente” y necesitan vivir tras el peligro, las emociones fuertes, lo dramático, lo alterado. Los que pretenden resolver problemas sexuales, los que buscan “probarse a sí mismos” que aún pueden conquistar pese al advenimiento de la vejez.

Pues sabremos que seremos fieles por elección y no porque “no hay de otra”; y cada día elegiremos estar con él o con ella; aún a sabiendas de que habrá otros más admirables, bellos, simpáticos y listos. Y que de toda la gama de posibilidades, cada día nos volvemos a elegir mutuamente.

 

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Madre y esposa. Me considero una mujer con metas por lograr un mundo diferente, Me desarrollo como analista , programadora, expresando mis mejores experiencias a través de la tecnología. Me apasiona los temas de superación en todos sus campos y a la vez me he dedicado al deporte como instructora de aerobicos, ahora sigo rutinas de X-BOX, para mantener mi cuerpo y mente sana..

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