La diferencia entre el error, el fracaso y el fracasado

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Existen errores porque siempre hay estrategias que pueden mejorarse, especialmente si lo miramos desde la perspectiva del que ha terminado entregando la cabeza de su rey. Podía haber jugado mejor. Sin embargo, su derrota dista de ser un fracaso, ya que a la siguiente partida se lleva una gran cantidad de jugadas para aprender, para mejorar. Buenos elementos para la reflexión. En este sentido su inversión de tiempo ha sido rentable, probablemente mucho más que la del ganador.

El fracaso

El fracaso llega cuando lo que ha sucedido, además del sabor de la derrota, nada nos deja. Ocurre especialmente en los juegos en los que el azar manda, por eso humanamente son tan pobres. Porque al que pierde -que suelen ser muchos y muchas veces, ya que la banca cuenta con la probabilidad a su favor: esa ley implacable cuando hablamos de grandes números (muchas jugadas y muchos jugadores)- poco aprende, más que apegarse a alguna inquietante superstición.

“Ha sido no entrar antes de las nueve lo que me ha hecho perder…”, “Ha sido esta camisa, que gafa mi suerte…”, “No vuelvo a venir con Juan porque con él no gano una” (Juan probablemente tampoco haya ganado y tampoco quiera regresar contigo…).

Dejando la ironía a un lado. La suerte poco más nos tiene que enseñar/recordar, más allá de que está presente. De que siempre, protagonista o actriz de reparto, juega su papel.

El fracasado, más que el que acumula un fracaso tras otro

El fracasado no es aquel que colecciona un fracaso tras otro, tampoco el que acaba de fracasar. Fracasado es un adjetivo (etiqueta) que tiene connotaciones que van mucho más allá. Decir que alguien es un fracasado o pensar que somos unos fracasados impregna al ente, al ser. Pasa a formar parte de la naturaleza del ente, del ser. Por lo tanto hablaríamos de algo inmutable.

Que no va a cambiar y que por lo tanto supone una condena para el futuro. Elimina la motivación para el aprendizaje. Nos manda el siguiente mensaje: “Da igual lo que aprendas, nunca ganarás”. El que se siente un fracasado juega a ser injustamente determinista con su futuro, igual que lo es quien coloca esta etiqueta a otro y trata injustamente de serlo.

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