La incertidumbre o el miedo al futuro no te impidan disfrutar de tu presente.

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Una de las emociones que considero más difíciles de manejar es la incertidumbre, el miedo al futuro, el temor a que sucederá próximamente. Es normal querer tener certidumbres, certezas, la seguridad y la tranquilidad de saber lo que va a ocurrir, pero siento decir que eso no es posible, no es posible tenerlo todo bajo control.

La incertidumbre está presente en numerosos acontecimientos de nuestro día a día, en la mayoría de nuestras situaciones cotidianas: ¿Tendré una recaída de mi enfermedad? ¿Qué dirán los análisis? ¿Seguiremos juntos? ¿Estoy tomando la mejor decisión?

Todos en mayor hemos sentido, sentimos o sentiremos incertidumbre.

Es inevitable sentir miedo al futuro, el problema no es sentirlo, sino como gestionamos esa emoción. El problema siempre son las emociones que acompañan al estado de inseguridad por lo venidero: la ansiedad, el miedo, la irritabilidad, la tristeza o el enfado. Todas están provocadas por nuestros “futuribles”. Todas ellas tienen que ver con nuestra resiliencia o la capacidad para afrontar la adversidad, nuestra tolerancia a que suceda un acontecimiento negativo.

Hay personas que por sus rasgos de personalidad quieren tenerlo todo bajo control.

Necesitan tenerlo todo planificado, estructurado… y esto casi nunca es posible, todos deberíamos saberlo: la vida no suele ser previsible. El manejo inadecuado del temor a lo que sucederá, ese miedo a lo que nos deparará el futuro nos puede condicionar en muchas áreas de nuestra vida, en concreto en uno muy importante, tomar decisiones. La toma de decisiones en cuestiones como una posible separación, el cambiar de trabajo, cambiar de casa, cambiar de colegio a los niños… pueden convertirse en proezas irrealizables si buscamos la certeza absoluta, aquella decisión perfecta, sin asomo de error, de defecto.

No debemos olvidar que la vida es un cambio constante, y las decisiones son necesarias. Muchas veces nuestras anticipaciones nos llevan a no tomarlas y si las evitamos no avanzaremos y permaneceremos estancados, sin darnos la oportunidad, ante todo de aprender, de explorar, y en consecuencia de poder mejorar las siguientes decisiones y desde luego nos seguiremos centrando en el miedo como forma de manejar lo desconocido, la incertidumbre.

En muchas ocasiones la preocupación la utilizamos como estrategia para disminuir nuestra ansiedad.

Nos hemos acostumbrado a darle muchas vueltas a una decisión, no tanto como una herramienta para decidir la mejor opción, sino para mantenernos en ese estado donde no tomamos decisión alguna. Vivir la vida con plenitud significa sin duda tomar decisiones, acertando unas y equivocándose otras, pero avanzando. No tiene sentido anclarse en el miedo al futuro, hay que observar con atención lo que está sucediendo aquí y ahora: vivir el presente.

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