Las equivocaciones abundan y debemos corregirlas, la clave está en el cómo y el por qué.

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Los problemas están ahí para invitarnos a no quedar atrapados en la estrechez de nuestro punto de vista, para ampliar nuestra perspectiva y desafiarnos a ser creativos. Cuando ocurre un error, y si pensamos que es nuestro error, sentimos culpa.

La culpa nos paraliza, nos aleja de nuestra esencia, de nuestro centro, de lo que somos realmente. La culpa nos desestabiliza y no nos ayuda a crecer. Incluso muchas veces, intentar remediar un error o justificarnos nos lleva a cometer más errores

Los errores. Son parte de la vida. Todos cometemos errores, pero nadie lo hace a propósitoLos errores están ahí, surgen todo el tiempo en todos los ámbitos: en el trabajo, en la familia, en las relaciones. No deberíamos trabajar tanto en eliminarlos , sino en analizar cómo nos relacionamos con ellos, qué emociones nos provocan. Puntualmente la culpa y el enojo.

Te equivocaste, sentiste vergüenza, te dio rabia o intentaste explicar y te lo reprocharon igual.

Lo importante del error es, como nos enseñaron de chiquitos, aprender de él. El error (sea de quién sea) está ahí para hacernos avanzar. Después, ese error se desvanece, se marchita con el tiempo, eso es lo importante.

Cuando nos dirigimos a los demás para criticar un error, se produce una tensión innecesaria. Si realmente lo que buscamos es que el otro no vuelva a cometer esa equivocación, debemos saber expresarnos, entender que no fue a propósito y buscar la manera amistosa de marcar cuál es el camino correcto.

Traemos del pasado otras faltas y transformamos lo que debería ser un diálogo constructivo en una catarata de negatividad.

Reprime, le resta naturalidad a nuestros vínculos. Y, por supuesto, no suma. En cambio, podemos buscar la forma de inspirar a los otros, de motivarlos, de acompañarlos para corregir la falta o no caer de nuevo en ella. Si vamos a señalarles un error a los demás, hagámoslo pensando en su beneficio. no en que a nosotros nos molesta.

Los errores aparecen para marcarnos el camino correcto. Leídos así, incluso pueden ser una bendición. Aprendamos de ellos, no juzguemos de más y avancemos, escribiendo en un cuaderno lo que pensamos que hacemos mal, y analicemos el tema antes de actuar, así estaremos comprobando nosotras mismas si cometemos errores, y evitarlos a que no se vuelvan a cometer .

 

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