Lo que fácil viene, fácil se va

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Cuando anhelamos algo en nuestra vida, lo primero que pensamos o mejor dicho ni pensamos, es que estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para obtenerlo. Una meta, un logro, algún deseo personal, no importa la índole de la ilusión, aquello merece dar la batalla, así que nos armamos de valor para luchar o de paciencia para esperar el momento perfecto.

Sea cual sea la victoria, siempre deseamos, constantemente nos ilusionados con logros en nuestra vida, relaciones esperadas, logros materiales, cargos profesionales o simplemente vivir a nuestra manera, la lucha es necesaria para crecer en la vida, especialmente esas barreras que levantamos nosotros  mismos y es nuestra voluntad la que forja el camino.

En el camino podemos sentir en ciertos momentos, que lo mejor es abandonar, desistir, dejar de luchar, y hasta sentimos que lo mejor es detenernos porque no nos corresponde, olvidamos que la mejor parte de una lucha es enfrentar el obstáculo, el cual viene de nosotros mismos, de nuestros temores, dudas y creencia en que no somos capaces y estamos perdiendo el tiempo.

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Cuando luchamos por aquello que deseamos, cada día es un nuevo escenario de logro, cada fracaso una oportunidad de reorganizar nuestra estrategia y el mayor premio, es ver frente a nosotros la materialización de ese deseo. No todo ocurre en el momento esperado, pero eso no quiere decir que no vaya a pasar, todo tiene un momento preciso y no podemos disfrutar de un logro que no se ha valorado, lo que fácil viene, fácil se va.

No entendemos lo que representa la perseverancia, hasta que la vemos concretada, bien sea en personas o cosas, es el resultado de no darnos por vencidos, de no renunciar, de siempre tomar un segundo aire y seguir adelante, de saber esperar para disfrutar del momento oportuno para actuar.

Cuando se pierde algo, cuando se quiebra una relación, cuando nos arrebatan una oportunidad y nos lamentamos profundamente, no nos damos cuenta que todo ocurre por una razón, incluso cuando no somos valorados y fácilmente se marchan de nuestra vida.

No debemos quejarnos de lo que nos cuesta, por el contrario valorar lo que no llegó fácilmente a nuestra vida, aquello que pudimos apreciar en todo su camino, lo que nos permitió demostrar nuestras capacidades, porque de alli salen nuestras fortalezas.

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