Los inmaduros son como niños, se vuelven incapaces de asumir responsabilidades de adultos.

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Cuando un individuo pasa a ser adulto, sus comportamientos infantiles desaparecen y la persona se vuelve más madura en todos los sentidos. Esto es en realidad una de las características fundamentales del desarrollo humano.

Estas perturbaciones emocionales se encuentran en su nivel más alto en los años de adolescencia. La mayoría de las personas evolucionan con la capacidad de hacer frente a todos estos factores emocionales.

La personalidad emocionalmente inmadura.

Las personas con personalidad inmadura son incapaces de hacer frente a situaciones estresantes y, a menudo mantienen una visión del mundo que se origina dentro de su propia imaginación. Pueden ser excesivamente emocionales y perder fácilmente los nervios. También suelen ser tremendamente intolerantes a la frustración.

Una personalidad inmadura es:

Son personas que presentan rasgos emocionales y de carácter propios de la infancia, como si el tiempo no hubiera pasado para ellos.

La Inestabilidad y labilidad emocional.

Los niños pequeños a menudo pasan de enfadarse a  llorar desconsoladamente y en pocos minutos o incluso segundos, a reír de nuevo. Por suerte los adultos rara vez lo hacen, pero una personalidad inmadura, puede cambiar de humor con la misma facilidad.

Dificultad para adaptarse a los cambios.

Los cambios forman parte de la vida. A los niños este hecho también les afecta, por supuesto, pero generalmente son los adultos quienes les guían y toman la mayoría de decisiones por ellos. Una persona inmadura no ha logrado adquirir las habilidades necesarias para manejar situaciones y responder a los problemas, todavía esperan que alguien lo haga por ella y les falta perspectiva de futuro.

Desconocimiento de uno mismo y personalidad poco definida.

Como los niños pequeños, una persona poco madura tiene gran dificultad para auto-observarse, valorar su conducta, reflexionar en profundidad sobre su forma de ser o pensar, así como entender cuándo se equivoca para corregir sus errores y madurar en consecuencia.

Culpar, mentir, insultar.

Cuando las cosas les van mal, los niños pequeños culpan casi siempre a cualquier cosa o persona externa como el origen de su desgracia. Para ellos asumir la propia culpabilidad es algo tremendamente difícil, pues están formando su auto concepto y necesitan creer que este es lo suficientemente bueno. Cuando maduramos, sabemos reconocer nuestros errores y buscamos la forma de solucionar los problemas.

La Impaciencia e impulsividad.

Cuando se enfadan o sienten dolor, los niños se muestran impulsivos e irreflexivos, actúan desde el corazón. Hablan sin medir sus palabras y son impetuosos, sin detenerse a pensar en las posibles consecuencias de sus acciones. Del mismo modo, en lugar de escuchar los puntos de vista de los demás, les interrumpen de forma impulsiva.

Las personas maduras se paran a pensar antes de actuar, resistiendo el impulso de ponerse a decir o hacer cosas hirientes sin más. Saben calmarse. Pueden ver más allá del problema, en busca de más información y análisis de opciones.

No nos equivoquemos, actuar por impulso de vez en cuando es una característica normal del comportamiento humano, lo que ocurre es que no es algo que se produce de forma habitual ni en cualquier ambiente por una personalidad madura.

 

 

 

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Madre y esposa. Me considero una mujer con metas por lograr un mundo diferente, Me desarrollo como analista , programadora, expresando mis mejores experiencias a través de la tecnología. Me apasiona los temas de superación en todos sus campos y a la vez me he dedicado al deporte como instructora de aerobicos, ahora sigo rutinas de X-BOX, para mantener mi cuerpo y mente sana..

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