Los secuestros emocionales que destruyen tu mente.

Nuestra reacción ante lo sucedido ha sido desproporcionada pero no nos damos cuenta hasta que la tormenta ha pasado. Cuando perdemos el control y estallamos, estamos secuestrados emocionalmente. A veces podemos llegar a perder los estribos sumergiéndonos en una espiral de emociones destructivas que nos llevan a hacer y decir cosas de las que más adelante nos arrepentiremos.

El estado de guerra generado desencadena la liberación de hormonas estresantes con la intención de provocar la lucha.

El problema es que estas hormonas permanecen en la sangre durante varias horas y si ocurre de nuevo una experiencia perturbadora aumentará su cantidad, pudiendo llegar a la ira o al pánico ante la menor provocación.

Aunque no es imposible, volver a la calma tras un secuestro emocional no es tan sencillo; es necesario un buen repertorio de habilidades de gestión emocional. Por eso antes de que la bomba estalle es conveniente que aprendamos a detectar las señales que nos indican que estamos al borde de la explosión.

Para ello, una buena estrategia es identificar qué nos ocurre cuando estamos agitados, cuáles son esos síntomas físicos que empiezan a aparecer cuando las cosas no son como habíamos pensado.

La cuestión es impedir que esta ira desmedida nos posea.

Para prevenir un secuestro emocional y maldecir a todo y a todos, lo ideal es tomarse un respiro, no son las grandes cosas las que terminan llevándonos al manicomio sino el cordón del zapato que se rompe cuando no tenemos tiempo de arreglarlo, por lo que cuidado cuando perdemos los estribos porque podemos acabar en el lugar que no queremos.

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