Me preocupo demasiado por algo que aún no ha sucedido.

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Lo increíble de esto es que, generalmente, la amenaza no era cierta, era menos probable o intensa de lo que pensábamos, y terminamos dándonos cuenta que nos preocupamos en vano. Algunas personas parecen vivir más focalizadas en el futuro, en lo que aún no sucede, que en el presente. Esto aumenta las probabilidades de error al afrontar las demandas de la vida cotidiana, por no tomar en consideración todo lo que esto implica. Es como si se viviera en el futuro y se olvidara del presente.

La preocupación es un proceso mental, imaginamos lo peor que puede pasar nos provoca cierta perturbación o inquietud.

Se da en casi todos los contextos de la vida: cuando vamos a tener una cita, un examen, una entrevista de trabajo, cuando vamos a emprender una tarea nueva o cuando esperamos que algo pase. La preocupación nos lleva a percibir más amenazas de las reales y a minimizar las posibilidades y capacidades de afrontamiento ante el hecho, lo que nos conduce a una percepción negativa o pesimista de aquello que aún no ocurre.

Percibimos como si estuviéramos en un constante peligro, y aunque al ocurrir la situación la evidencia nos muestra que no era tan peligrosa, en la siguiente ocasión reaparece la preocupación como fantasma terrorífico que nos llena de miedo y creo que nos ocurre a la mayoría.

Los principales problemas de las preocupaciones es que pueden convertirse en hábito al considerarlo un efecto natural.

Es más, algunas personas tienen miedo de no preocuparse, por temor a volverse irresponsables y descuidados consigo mismo. La preocupación es una construcción de la mente que en principio ayuda al sujeto a prepararse para afrontar una situación, pero que al focalizarse en el potencial amenazante de la misma se convierte en obstaculizador para asumir acciones pertinentes frente al hecho.

Ser precavida puede facilitar el adelantarnos a la ocurrencia de algunos peligros, pero no debe nublarnos en la posibilidad de permitir que ocurran ciertas cosas de manera Los obstáculos son parte del camino, son inevitables, pero debemos aprender a lidiar con ellos. Las adversidades generan en el corazón humano muchas reacciones, pero la angustia y la preocupación son emociones que impiden tener una mejor perspectiva de la situación y por tanto no podemos responder debidamente”.

Aprender a controlar las reacciones de preocupación, reconocernos en potencialidad y mejorar la confianza en nosotros mismos, son claves para promover equilibrio y bienestar en nuestras vidas.

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