No es lo mismo coincidir con una persona, que conectar con esa persona.

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Eso es algo que todos experimentamos a diario. En nuestros entornos cotidianos, sin embargo, a lo largo de nuestras vidas solo llegamos a “conectar” en profundidad con unas pocas. La conexión nos dice que coincidir con ciertas personas no es lo mismo que “conectar” con ellas.

La conexión profunda.

Los neurocientíficos dicen que el cerebro es donde se desarrollan nuestros juicios, aquí donde acontecen los procesos cognitivos más abstractos, más complejos y por instantes incluso inexplicables.

La psicología de la conexión.

Todos hemos oído aquello de que a veces, basta solo una mirada para conectar con alguien. Cabe decir que este dato es una verdad a medias y que no perfila ni mucho menos lo que se entiende por “conexión profunda, este este campo nos señalan que ese vínculo tan íntimo y revelador cruza muchas más fronteras.

La conexión profunda va más allá de las miradas porque se origina mediante la interacción y el trato, pero acontece sobre todo a través de una palabra muy concreta, mágica y significativa para todos: “compartir”.

Cuando compartimos ciertas intimidades con alguien, cuando revelamos confidencias, cuando compartimos valores, pasiones, gustos y pasiones con otras personas, nuestro cerebro libera “oxitocina“. Sin embargo, el proceso de compartir debe ser un acto transparente e íntegro regido por otra palabra esencial,  la confianza.

Lo que tenga que venir lo hará en su momento y lo notaremos en poco tiempo, nuestro cerebro y corazón responderán de forma intensa ante esa persona tan especial, para lograrlo, solo deberíamos aplicar en nuestras interacciones cotidianas tres sencillas dimensiones: apertura, confianza y sinceridad.

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