Quien es sincero, dice la verdad.

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La sinceridad implica el respeto por la verdad, Si un hombre está casado y, ante la pregunta de una muchacha, afirma ser soltero, está mintiendo y, por lo tanto, no está respondiendo con sinceridad. La cualidad que consiste en expresarse con sinceridad se conoce como honestidad. La persona honesta respeta la verdad y establece sus relaciones bajo este parámetro moral.

Sin embargo, el sujeto puede auto engañarse y no ser honrado o sincero pese a que crea que, en realidad, sí lo está haciendo. Las denominadas “mentiras piadosas” son un ejemplo de esta circunstancia.

¿Alguna vez has sentido la desilusión de descubrir la verdad?, ¿esa verdad que descubre un engaño o una mentira? 

 El sentirnos defraudados provoca incomodidad, esta experiencia nos lleva a procurar que nunca nos suceda lo mismo, y a veces, nos impide volver a confiar en las personas, aún sin ser las causantes de nuestra desilusión.

Sin embargo, como los demás valores, la sinceridad, no es algo que debemos esperar de los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza.

Si queremos ser sinceras necesitamos decir siempre la verdad; esto que parece tan sencillo, resulta una tarea muy dificultosa para algunas personas.

¿Cuántas veces utilizamos esas mentiras piadosas en circunstancias que consideramos poco importantes?

Podemos inventar defectos o hacerlos más grandes en una persona, o cuando ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Cuando, con aires de ser “franca” o “sincera”, decimos con facilidad los errores que comenten los demás, mostrando lo ineptas o limitadas que son.

No obstante, la palabra no constituye el límite único y visible de este valor, también se evidencia en nuestras actitudes. Esto nos demuestra que no sólo debemos decir la verdad para ser sinceras, sino también actuar conforme a la verdad. Ello resulta un requisito indispensable para la sinceridad.

Si nos mostramos tal cual somos en la realidad, nos hace congruentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos. De esta manera, logramos el conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades, pero también de nuestras limitaciones: los demás nos quieren y aceptan como somos.

Actuar de forma sincera implica decir la verdad siempre, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Vernos sorprendidas en la mentira es más vergonzoso.

Además, si somos sinceras aseguramos nuestras amistades, demostramos ser honestas con los demás y con nosotras mismas, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y nuestras palabras.

 

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