Resurgir y renacer como mujer

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La vida, para mí, es un gran enigma, un montón de preguntas sin respuestas, y también un montón de propuestas.

Después de mucho pensar, de sentir y de reflexionar, concluí que la vida es tan extensa que es un aprendizaje que no termina. Que nada está dado por hecho y que todo está en constante movimiento. Que todo pasa, todo cambia y todo sigue, porque inexorablemente la vida sigue.

Después de un período muy oscuro en mi vida, después de que las preguntas sin respuestas casi reventaran mi cabeza, mi razón y mi certeza regresaron cuando dejé fluir mis experiencias. Dejé que lo que quisiera irse, se fuera, y que lo que quisiera quedarse, se quedara. Así comprendí que todo tiene un momento perfecto, un tiempo adecuado y que Dios no se va de mi lado.

Renací de las cenizas de mis sueños, de las cosas que soñé y que no se cumplieron, de entre los obstáculos que aparecieron en mi camino y de la traición que cambió mi destino.

Resurgí de las ruinas en las cuales quedó mi vida, reviví del más profundo dolor, rechazando la desesperanza y el rencor, dejando atrás la más completa desolación.

Renací de las palabras que no opacó la oscuridad, del amor que no murió, de la esencia de mi Ser que brilla como sol cuando recuerdo que también soy parte de Dios, de la maravilla que Es y de Su Amor.

Resurgí cuando dejé de ver lo negro, y comencé a ver lo blanco.

Resurgí distinta, pero completa y hoy me siento plena.

No he sido perfecta, tampoco necesitaba serlo, sólo necesitaba estar atenta para aprender lo necesario y desechar lo que hace daño.

 He resurgido más poderosa que el Ave Fénix, ahora me siento fuerte, me siento independiente, me siento una mujer valiente. Tengo una capacidad enorme de amar, de salir adelante y volver a soñar. En el momento más difícil, creí que renacer era imposible, pero, a pesar del negro panorama, no desistí y hoy he vuelto a vivir.

Me amo y me respeto, mi tiempo es perfecto, salgo adelante porque me acepto. Soy la mujer que renace construyendo el más fuerte cimiento, del más grande amor que nace adentro… en el templo sagrado del pecho.

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