Tenemos tendencia a confundir la pasión, el deseo o el capricho con amor.

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Sabemos y aceptamos que el amor es parte esencial en nuestra vida.

Sabemos que sin ello sería imposible vivir, muchas veces nos detenemos a pensar en los factores importantes que están implicados en dar y recibir amor, esperamos recibirlo en la misma medida que lo damos.

Muchas veces ocurre un encuentro inesperado con algún “amor” de antaño, algo que existió en la juventud pero nunca llegó a realizarse, tal vez un amor que dejó alguna huella en nuestra mente y corazón, o a lo mejor un amor que quedó en el aire sin darle un final.

Amores que se idealizan.

Muchas veces  en la persona equivocada, creyendo ilusamente que “si luchaban” por ese amor podría llegar a realizarse plenamente, pero los desengaños son grandes al darse cuenta que no tienen o no dan lo que esperaban, la mujer busca siempre la estabilidad y comodidad de un amor reciproco, muchas veces hasta se busca por la seguridad económica.

Se ha dicho muchas veces que la mujer se entrega al amor, muchas veces sin medir las consecuencias de entregarse a un hombre o a un amor prohibido, que lo que pensaron seria una aventura si precedentes se convierte en el sufrimiento y sin sabores y sin darse cuenta siquiera, involucran sentimientos y comprometen su libertad, aun a sabiendas que el hombre en busca de aventuras lo que menos quiere es empezar de nuevo, con hijos fuera del matrimonio, porque los hijos existentes ya están grandes.

Entonces por qué aferramos.

Tenemos que aceptar que es alguien que está “prohibido” y nos guste o no, debemos aceptar que con un hombre comprometido nunca podremos realizar nuestros sueños e ideales de una familia o un hogar bendecido por hijos legítimos.

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