Todo lo que pasó era necesario para ser quien eres hoy

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El pasado es parte de nosotros. Existen momentos de nuestro pasado en los que sufrimos mucho y nos gustaría olvidar, pero no podemos. Los seres humanos no estamos hechos para olvidar, pero lo que podemos hacer es ver estos tiempos difíciles de manera diferente, darnos cuenta de que tenemos la oportunidad de demostrarnos que gracias a estos momentos de oscuridad podemos descubrir nuestra fortaleza. Es maravilloso recordar y poder decir: sufrí mucho por eso, pensé que nunca podría superarlo, pero logré superarlo, hoy sigo aquí, solo que con nuevos aprendizajes, me di cuenta de que soy más fuerte de lo que pensaba.

Gracias dolor

El dolor es parte de nuestras vidas, sentimos dolor desde que nacemos. Es más, si lo pensamos bien, de no ser porque pudimos sentir el dolor de esas palmadas al nacer, no habríamos llorado y esa habría sida una muy mala señal.

De dolor no morimos, gracias al dolor recordamos que estamos vivos. Imagina si no pudiéramos sentir dolor, tristeza o decepción. De no sentir todo esta variedad de emociones seguiríamos soportando muchas situaciones de desprecio o indiferencia, seguiríamos junto a la misma persona, junto al mismo trabajo, en el mismo lugar de siempre.

Bendito sea el momento en el que el dolor fue lo suficientemente intenso como para impulsarnos a renunciar, a huir y a buscar nuevas formas de vivir, empezar un nuevo camino, tal vez muchas veces sin rumbo fijo, pero al fin y al cabo diferente, abriendo las puertas a nuevas experiencias.

El dolor es una prueba de que estamos vivos, es el proceso por el que recuperamos nuestro equilibrio emocional perdido.

Difícil pero necesario

Cuando aceptamos el dolor y escuchamos las lecciones que nos quiso brindar, nos daremos cuenta de que todo aquello que no funcionó, que todos aquellos errores que cometimos fueron totalmente necesarios, que todos esos momentos que en un momento deseamos no haber vivido simplemente pasaron, como todo lo que pasa en esta vida, incierta pero maravillosa a la vez. En un momento podemos mirar nuestro pasado y comprendemos que todo lo bueno y lo malo que pasó era necesario para tener toda la sabiduría que tenemos hoy.

Los errores son los mejores maestros

Gracias a los errores que cometimos y a sus consecuencias, sentimos la necesidad de cambiar. Gracias a ellos nos damos cuenta de que queremos mejorar, de que no queremos seguir haciendo lo mismo, que queremos mejorar y crecer. De no haber fallado, no habríamos podido ser conscientes de nuestras equivocaciones. Siempre que aparece el malestar, nos damos cuenta de que aún algo que podemos hacer mejor.

Todos cometemos errores, lo bueno de ésto es que si estamos vivos entonces todavía tenemos tiempo y oportunidades para enmendarlos y de vivir una vida que se encuentre acorde a nuestro sentir. No hay nada que enseñe más que un error.

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